Marcianos

30/08/2018

 

Cuando un preso me pregunta mi fecha de nacimiento,
se me escapa la sonrisa.

De verdad, no puedo evitarlo.

No es que quiera saber la edad que tengo (que también, aunque mayormente ya la saben), sino que lo que quiere saber es el día y el mes en que asomé la cabecita por el agujero para venerar al mundo con mi santa presencia (aunque yo, por contar las cosas tal y como son y en honor a la verdad -reconociendo que eso a veces puede restarle glamour al asunto-, diré que nací al revés y de culo-culero). 

 

“¿Cuándo cumples los años?”

 

Y es ahí donde empieza todo.

"Laura, prepárate". Me digo a mí misma.

Parece una pregunta inofensiva

y supongo que en verdad lo es.

 

A mí lo que me fascina es que el 100% de las veces que me lo preguntan
sea para averiguar mi horóscopo.

 

¿En serio? 
Sí, súper en serio.

 

De ahí en adelante, cuidao'.

 

No sólo se acordarán de ti el día de tu cumpleaños. Te sorprenderán con una llamada en primera persona o con una de tercera que no sabe ni quién eres pero que hace las veces de recadero diciéndote que fulanito le mandó a felicitar. Igual te hacen saber que se acuerdan de ti con una postal, con una pulsera surfera de hilo o... a saber. 

Las sorpresas no cesan cuando vienen de la cárcel.

Lo que sí es infalible es que irán viendo cómo te va la semana cuando puedan coger un periódico, una revista o cualquier otra cosa escrita con sección de predicciones. No contentos ni saciados con eso, algunos llegarán a escudriñar incluso en las páginas del teletexto para ver qué te depara el futuro.

 

No creas que elegirán un canal en particular para hacerlo, no.
Tienen tiempo de pasearse por todos y cada uno de los canales para confirmar o desmentir las predicciones que los astros te deparan.

 

No necesitan más que una fecha aleatoria o al azar para estrechar un vínculo.
Es increíblemente maravilloso. Lo hacen sin querer y sin darse cuenta. 
Te estrechan a su pecho aferrándose a una fecha. 
Una cualquiera que les devuelve a la idea de tener un contacto real con una persona... ¿real?

Te unirán a ti sin que tú puedas ni sospecharlo.
¿Cómo ibas tú ni a imaginar que tu fecha de cumpleaños iba a tenerlo ocupado en su día a día? ¿Cómo ibas tú ni a imaginar que eso acabaría por darle origen a incontables conversaciones?

Su mundo y el tuyo, al fin y al cabo, no tienen nada que ver.
Cuando luego les veas y te pregunten cómo vas de fuerza de voluntad

en el aspecto laboral, entre otras cosas relacionadas con el amor, la familia, el dinero o la salud, caerás en la cuenta de lo mucho que se magnifica todo
en su rutina.

 

Puede parecer una tontería, pero no lo es.
Todo vale para sentir que hay alguien ahí, que no están tan a solas como podría parecer.

Todo vale cuando se trata de tener a alguien en quien pensar,
porque además de necesitar que nos cuiden,
también necesitamos cuidar.

 

Y sí.
Hablo de los salvajes engorilados que solemos tener en prisión,
de acuerdo con el imaginario popular.
Al final no son ni tan salvajes ni tan gorilas, de verdad.

Me los imagino indagando en las páginas del teletexto…
y entonces me doy cuenta de lo marcianos que son.

¿Quién narices a día de hoy sigue utilizando el teletexto para nada?
Aparte de mi madre, quiero decir;
que también lo usa para leer el horóscopo.

¿Qué sentido tiene todo esto?

Yo prácticamente ni recuerdo el teletexto.
Ese cúmulo de píxeles fluorescentes ciega-ojos.
¿A quién se le ocurriría la idea?

En cualquier caso, fuera quien fuera,
GRACIAS.
De verdad, sin ironías ni sarcasmos.

El teletexto es todo un abanico de posibilidades en prisión.
Un añadido más a las facilidades y los lujos de los resorts penitenciarios.
Y aquí sí, léase con ironía.
DE NADA.

Como si aún vivieran en los tiempos de la carta de ajuste.
Ésa a la que yo siempre llamo “de programación” porque soy
una milenial sin remedio de la LOGSE.

 

 

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