Sinergias

13/09/2018

 

Sinergia. "Acción de dos o más causas cuyo efecto es superior a la suma de los efectos individuales", dice la RAE. Pues sí. Eso es para mí ir con Julio a la cárcel. Eso, pero también mucho más. 

 

La complejidad es una constante indiscutible en el ser y en el estar de las personas que cumplen condena. Tanto es así (TANTO), que a veces es imposible acompañarles sin que. 

 

Motivos por los que me gusta ir con Julio a la cárcel.

Pueden resumirse en dos:

 

1.

 

Por mí, por él.

Porque es imprescindible arropar al que arropa. 

 

Si alguien es capaz de creer que sobrevivimos con indiferencia a nuestro día a día, de verdad, que cierre esto y que se vaya a ver la tele...!!

 

Por suerte y por desgracia, somos muchas las personas que nos dedicamos a las personas: personas-menores, personas-presas, personas-mayores, personas-migrantes, personas-diversas...!! Como dicen que para todo "hay que valer", lo que vengo a decir es que "valer" no nos inmuniza, al contrario; "valer" nos sirve para desarrollar una conciencia que, por más impulso que nos pueda dar para seguir y perseverar en nuestros motivos, en nada paraliza nuestra amígdala cerebral (y a ti, querida amígdala, ¡gracias por hacernos sentir!).

 

En el día a día de las personas que nos dedicamos a las personas, hay cosas imposibles de normalizar (muchas, incontables, demasiadas, casi infinitas). Claro que en algún momento determinadas realidades pueden dejar de sorprendernos por reiteración o repetición (¡y esto es algo tremendamente triste!), pero de ahí a dejarnos indiferentes, cuidao, que hay un buen trecho.

 

A veces podría parecer que "haber elegido" el entorno en el que nos desarrollamos como personas nos torna inmunes contra todo, pero...

nada más lejos de la realidad.

 

¿Ojalá...?
...náh. 
A mí -particularmente- me gusta ser persona.
(¡y, además, una dramática!)

 

En conclusión,

 

A veces no es nada fácil entrar y salir sola de los depósitos de moribundos que eufemísticamente llamamos "cárceles".

 

Sufrimos y padecemos como todo buen hijo de vecino y, no sólo eso, sino que, además, en muuuuuuchos casos acabamos siendo el paño de lágrimas de incontables personas que también sufren y padecen en carnes propias las crueldades y miserias de nuestros respectivos entornos.

 

No somos Dios.
Sí personas-esponja.

 

Es fundamental arropar al que arropa.

Es fundamental que no se rinda, que no cese, que no decaiga.

 

Que no deje de creer jamás en el sentido de lo que hace.

Porque lo tiene.
Y es colosal.

 

 

2.

 

Por ellos.

 

Porque si ya de por sí significa mucho que una persona vaya a visitarles, que lo hagan dos a la vez...

 

Soy incapaz de acabar la frase.
Creo que aún no se han inventado las palabras que servirían para expresar lo que un preso siente o debe de sentir al ver aparecer a dos no-familiares por allí (sin intenciones profesionales, se sobrentiende), al otro lado de ese sucio y desdichado cristal.

 

¿El educador social y la abogada?
En verdad... Bueno, náh.

Tan solo Julio y Laura.

 

No aparecemos ni con intención de educar ni con intención de...
¿qué se supone que hacen los abogados?
(además de cobrar, digo)

 

Para mí, el fin último de esas visitas no es más que el de llevar a cabo un acto verdaderamente revolucionario.

(¡Y eso que hablo de llevarles amor!)

 

La conversación fluye.

No tendría sentido ir hasta allí para no dejarles hablar.

 

El sentido está en hacer converger el tiempo y la libertad.

Su tiempo y nuestra libertad.

Nuestro tiempo y su libertad.

 

El sentido está en que sonrían pese a todo. 

En que recompongan sus ilusiones, proyectos y esperanzas.

En que se sientan importantes, queridos, cuidados.

En que puedan desahogarse, romper la rutina, mitigar la ansiedad.

En que no olviden que del aislamiento también se sale.

Que siempre puede aparecer un imprevisto que marque la diferencia.

 

Que las 23 horas de celda al día no lo son todo.

Que las tres muertes que ha habido esta semana no son contagiosas.

Que hay vida y que hay mucha, hasta para ellos.

 

Que ningún golpe duele más que el de no recibir a nadie cuando se vive aislado. Que hacen falta muchas-muchas-muchas personas que visiten nuestras cárceles para reparar los daños que éstas generan.


Ésa es mi revolución.
La única en la que creo.

Y a ti, Julio,

por formar parte de ella
¡GRACIAS!

 

 

 

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